El Primer Festival de la Calabaza y los Bichicoris (no, no es lo que piensas)

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por Guillermo Núñez Noriega

–¿Sabes lo que son los Bichicoris? Le pregunta María Tarazón, a José, un niño de 9 años que está montado en la bicicleta a un lado de la calle angosta de San Pedro de la Cueva, Sonora, México. José, se queda pensando, entorna los ojos y dice:

– Mmmmm… no, creo que no sé.

– ¿Nunca los has probado? ¿No los hace tu mamá?

– Mmm no, o sea creo que sí he escuchado, pero no los he probado.  Pero creo que la palabra si la he oído.  ¿qué son?

– Te lo voy a dejar de tarea.  Qué te parece este reto: tu investigas con tu nana, con tu mamá, qué son los bichicoris y cómo se hacen, y el día 1 de Enero va a haber un festival de calabazas y bichicoris y si ahí nos dices lo que investigaste te vas a llevar un premio. ¿Está bien?

– Sí, le voy a preguntar a mi nana dice Juan emocionado y se aleja en la bicicleta.

El diálogo anterior se deriva de un corto video en el que María Tarazón Noriega, artista plástica y promotora cultural, originaria y habitante de San Pedro de la Cueva, pregunta a varios niños y niñas y adolescentes sobre si conocen los bichicoris.  San Pedro de la Cueva es un poblado de 1, 500 habitantes de la sierra de Sonora, a unos 2 kilómetros de la frontera con Douglas, Arizona. La mayoría de los niños responden como Juanito, qué no saben, pero que la palabra la han oído, y sólo uno sabe que se trata de un postre hecho a base de calabaza, panocha, canela, clavo y anís.

Este video y otros que documentan aspectos de la herencia cultural y vida cotidiana de San Pedro son parte de las actividades de animación y preparación del Primer Festival de la Calabaza y el Bichicori.  El festival se organizó en diciembre de 2021 como la primera actividad original de la nueva organización de promoción cultural, la Alianza para el Folclore y el Patrimonio Cultural del Norte. La idea del festival se formó en colaboración con grupos y promotores locales como el Museo Costumbrista Andrés Avelino, un pequeño museo del cual María Tarazón es directora, como parte de sus objetivos de valorar el patrimonio cultural material e inmaterial de Sonora y de todo el Norte de México.

Los videos se publican en la página de Facebook “Yo Amo San Pedro de la Cueva”, que dirige el joven Fabián Lameda y que goza de numerosos seguidores, más de 500 mil, en un fenómeno mediático que sorprende, pues, la página se dedica a retratar la vida, los quehaceres, las costumbres, el folclore y las necesidades materiales o los problemas de salud que enfrentan los habitantes de este pequeño poblado.  Aún así, con su sencillez, su honestidad y su falta de pretensión, Fabián Lameda ha conquistado el interés de seguidores de Sonora, de todo el país, de Estados Unidos y de otros países del mundo que envían mensajes de apoyo, envían dinero para aliviar las necesidades de alguna persona enferma, y opinan, como en este caso, sobre los bichicoris y las calabazas.

¡Oigan, para mí los bichicoris son unos niños desnudos, así le decimos acá en el sur de Sonora, jajajaja! comenta Alfredo, un hombre que sigue la página, al video de María Tarazón.

¡Acá en Guaymas bichicori es un niño sin ropa! ¿qué están preguntando a los niños? Jajajaja. señala por su parte Amalia una joven, un tanto inquieta, pero con sentido del humor.

Así como estas opiniones, muchas, más de 60, en cada uno de los 7 videos preparatorios, dan sus opiniones sobre qué son los bichicoris.

En realidad, las personas que opinan insisten en que los bichicoris son “los niños desnudos”, sin embargo, cuando otros seguidores corrigen.

No, los bichicoris son un dulce hecho de calabaza deshidratada que se guarda para cuando no hay, pero se prepara con panocha.

En los días posteriores María Tarazón y Fabián Lameda entrevistaron diversos adultos mayores y proyectaron sus videos de 7 a 10 minutos en la página de Yo Amo San Pedro de la Cueva: Doña Ramona, Doña Coyito, Don Francisco, entre otros, explican no sólo que son los bichicoris, sino que cuentan desde su cocina que eran postres muy esperados y deseados en su niñez, que su madre se los preparaba y que hacía la delicia de niños y grandes, especialmente en tiempo de frío o en los días nublados, cuando se antojaba comer unos bichicoris dulces, sólos o en un tazón de leche tibia.

Imagen fijo del video. Doña Ramona con Bichicori.

Doña Ramona es una señora de 87 años que siempre trae cubierta su cabeza con una mantilla blanca, a la usanza tradicional de su generación y de los pueblos de la sierra de Sonora. Ella explica en cómo se preparan los bichicoris. Toma una calabaza mediana y con un cuchillo empieza a pelarla, a quitarle la piel, la cáscara:

Se le tiene que quitar así la cáscara, mira, así toda, se pela, por eso son bichicoris, porque la calabaza queda pelada, “bichi”, pues- dice repitiendo una palabra en lengua ópata, una lengua de los hablantes indígenas originales de esta región y que se mezclaron completamente con los colonos españoles, criollos y mestizos al paso de los años. 

Ya después de que está pelada, la dejas secar un día y luego ya la cortas en una tira larga larga con el cuchillo, le vas dando vueltas y queda una tira larga o varios trozos en tiras largas y esos son los que se ponen a secar al sol, para que se deshidraten y se puedan conservar mucho tiempo, todo el año, los puedes guardar y ya cuando no hay calabazas, pues puedes sacarlos y cocinarlos.  También puedes hacer unas rueditas, les decimos “orejitas”, y se pueden secar, guardar y preparar de otra manera.  Los bichicoris, ya secos, esas tiras pues de calabaza, luego se preparan con panocha, con canela, clavo y anís y así un poquito de agua, hasta que se hace la miel y el bichicori absorbe todo el dulce.

Toda la vida lo hemos hecho. dice a María Tarazón y Fabián Lameda que graban su trabajo en la cocina que tiene una hornilla de leña tradicional, una batea (un utensilio de madera para amasar), así como coladores, bandejas y un gato que se pasea frente a la cámara.

El video de Doña Ramona tiene más de tres mil visitas, más de 60 comentarios y es compartido unas 50 veces.  Los comentarios muestran agradecimiento, alegría, admiración por el saber gastronómico tradicional, pero también por su fortaleza física.

Qué bueno que rescaten nuestras tradiciones, que no se pierdan nuestras comidas, comenta Ángel. 

–Por fin sé qué son los bichicoris, jajaja yo pensé que eran los niños desnudos, porque así me decían de niño, jaja, pero ahora me imagino que es porque traen el pipí desnudo, jaja, –comenta Pedro, y muchos otros a su vez le dan “me gusta” o comentan, en una conversación pública y comunitaria en el espacio virtual, a propósito de un producto agrícola, un postre, los bichicoris y una palabra que por tener la misma raíz, se presta a confusiones, a bromas y risas.

Desde la Alianza para el Folclore y el Patrimonio Cultural del Norte, que también participa de los comentarios en dichos videos y foros, se interviene y se aclara:

Bichicori es una palabra de origen ópata, que es una lengua de la familia taracahita, pariente del yaqui, el mayo, el rarámuri, entre otras, y su etimología es: “bichi”, que significa pelado, cori que se refiere a una calabaza, pero en forma alargada, porque le terminación “ori” en lengua ópata significa alargado o en tiras. Es por eso que bichicori significa calabaza pelada y en forma de tira, porque así se preparan los bichicoris. En Chihuahua los conocen como “bichicore” o “wachicore” o palabras similares y es un postre muy tradicional de esta región del norte de México. A los niños o adultos desnudos en Sonora se les dice “bichis”, porque eso significa la palabra: desnudo, sin ropa o pelado, pero a los niños se les dice no bichi, sino bichicori, como una forma de jugar con ellos cuando andan desnudos, porque se asocia con un postre que a los niños les gustaba mucho. 

La aclaración es agradecida por los internautas, otros siguen la broma y su relación con la desnudez o incluso con los genitales, lo que ocasiona más bromas y juegos entre quienes participan del foro.

En otra entrevista para Yo Amo San Pedro de la Cueva, Don Francisco Ibarra, de 94 años de edad explica:

Todo mundo sembraba calabazas, ahora ya no tanto, la gente dejó de sembrar calabazas, empezó a sembrar nada más forraje para el ganado, poco a poco fue cambiando la agricultura y todo fue enfocado en la cría de becerros para exportarlos a Estados Unidos, así fue como dejó de sembrarse trigo, maíz, frijol, calabaza, caña de azúcar y muchas cosas más.  Bueno, todavía hay gente que siembra, pero ya no en las cantidades de antes.

¿Los bichicoris han ido desapareciendo Tío Chico?- le preguntó entonces a Don Francisco.

El festival de la calabaza.

–Sí, se dejaron de hacer, poco a poco. Bueno, todavía se hacen. A mi me gustan mucho. Es curioso, todavía hay gente que cultiva calabazas y es algo, cómo decirlo, lo hacen más por tradición, por costumbre, porque es algo que hicieron toda la vida. Y sí, preparan dulce de calabaza y de ahí pues se hacen las empanadas de calabaza, tan sabrosas. Pero los bichicoris no sólo tienen que ver con que haya calabaza, sino que tiene que ver con una época en la que no había refrigeradores y la gente sabía que tenía que conservar la comida, deshidratarla para tener calabaza. Cuando llegó la luz al pueblo en los años 70’s y la gente compró los refrigeradores pues muchas tradiciones para conservar los alimentos se volvieron innecesarias o se fueron dejando de hacer. También cambió mucho la agricultura, se dejaron de sembrar muchas cosas y la gente no producía todos sus alimentos, ahora tenía que comprar en la tienda. También llegaron los dulces industrializados.

–¿Y entonces para qué hacer los bichicoris, tío Chico?

–Porque son muy buenos, porque son muy saludables, porque son alimentos más naturales, porque son hechos con calabazas de aquí, de lo que la gente cultiva aquí mismo en el pueblo, tus vecinos, porque es además tienen que ver con una tradición, siempre se han hecho, traen recuerdos, recuerdos de cuando mi mamá nos hacía los bichicoris y nos alegraba el día, recuerdos de comidas que tienen que ver con nosotros, con nuestras costumbres de sembrar calabaza y deshidratar alimentos y el conocimiento de cómo conservar los productos del campo.

–¿Va a participar en el festival de la calabaza y los bichicoris, tío?

–Síiii, yo mismo voy a ponerme a hacer verás, y voy a llevar al festival para que lo prueben.  Qué bueno que están haciendo este tipo de eventos que rescatan y le dan valor a nuestras tradiciones, –dice tío Chico con esa voz amable y seria a la vez. 

El primer día de enero del 2022, se llevó a cabo el Festival de la Calabaza y el Bichicori, en el marco de la tradicional kermés de la iglesia de San Pedro Apóstol, en el que la gente participa vendiendo comida tradicional: carne con chile, tortillas grandes, albóndigas en chile colorado, temoli (costillas de puerco en chile colorado), pescado de la presa El Novillo pescado por los propios sampedreños, carne asada, pollos asados, pasteles, etc. Ahí, en un estand en medio de todos los puestos, se presentan las calabazas que participan en el concurso de la calabaza más grande, así como diversos platillos de bichicoris, elaborados por ocho adultos mayores que decidieron participar en el festival.  En medio de la mesa hay una bandeja con muchas empanadas de calabaza elaboradas por otra cocinera tradicional sampedreña.  María Tarazón, la profesora Esther Noriega, ambas dirigentes del Museo Costumbrista, así como dos jóvenes chefs originarios del pueblo, así como el Comisario del Ejido, representante de los agricultores del pueblo, participan con discursos sobre la valoración de los productos agrícolas y los alimentos tradicionales. Luego invitan a José, el niño de la bicicleta y a los demás niños a que cuenten los resultados de su investigación sobre qué son los bichicoris. Todos los niños participan entusiasmados y cuentan lo que aprendieron de sus madres y abuelas. Todos reciben aplausos y un premio económico por su participación. 

Al terminar el evento me acerco a María Tarazón y le preguntó de forma provocadora: ¿Cómo ves María, crees que valió la pena el esfuerzo de realizar este festival? ¿Crees que sirven de algo?

–Síii, claro, –dice satisfecha, pero algo cansada.  –Sí, fue un gran acierto, por eso cuando la Alianza para el Folclore y el Patrimonio Cultural nos presentó el proyecto dije inmediatamente sí, le entramos.

Es algo sencillo el festival, puede para muchos no tener gran importancia ni económica, ni social, pero mira, volvimos a sacar el tema de la comida, de las calabazas, de los bichicoris, la gente, mucha, miles se enteraron por las redes sociales, recordaron, comentaron, volvieron a tener presente un alimento tradicional de nuestra cultura, muchos más aprendimos cómo se hacen y otros nos animamos a hacerlos otra vez.  Hay una generación de niños en San Pedro de la Cueva que ya saben que son los bichicoris y saben que les gustan.  El próximo año lo tendremos que hacer en otoño, cuando haya más calabazas, porque ahora el concurso de la calabaza más grande estuvo muy pobre, jeje, ya casi no había, y haremos un festival más grande. Creo que estas pequeñas acciones permiten valorar nuestra propia cultura tradicional, sentirnos orgullosos y contentos de lo que somos. Mucha gente además conoce San Pedro de la Cueva a través de las redes sociales y mira, esta vez vinieron como 400 personas a la kermés y al festival, a lo mejor con el tiempo logramos que más personas hagan turismo al pueblo y todo eso es importante también para la economía local.  A lo mejor más agricultores se animan a sembrar más calabazas el próximo año y más gente viene a comprar y más gente elabora los deliciosos bichicoris-dice satisfecha.

Guillermo Núñez Noriega is the director of the the Alianza para el Folclore y el Patrimonio Cultural del Norte, or Northern Mexico Folklife Alliance. He holds a PhD in cultural anthropology from the University of Arizona. He is a full professor and researcher at the Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo in Hermosillo, Sonora and the author of seven books on gender and sexual culture in Mexico. His most recent book, Fariseos, a study of the ritual performance of Easter ceremonies as interpreted and carried out by non-indigenous men in the small town of San Pedro de la Cueva, Sonora. 

1 thought on “El Primer Festival de la Calabaza y los Bichicoris (no, no es lo que piensas)”

  1. Me encantó la nota! gracias por tomar en cuenta la cultura de Sonora y por publicar también en español. Los bichicoris o wachacores como les dicen también en Chihuahua son un postre tradicional de la sierra de Sonora y Chihuahua que nos trae muchos bellos recuerdos de nuestra niñez! Qué bueno que crearon ese festival. Hay que seguirlo haciendo!
    Saludos. Thank you very much!

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